BLANCA OLAYA

Mi foto
Este es un espacio exclusivo de temáticas de Educación Religiosa, teniendo en cuenta que se ha tenido que trabajar desde casa en tiempos del coronavirus. El contenido del blog está tomado de la colección Emaús, camino de esperanza, de Educación Relgiosa. La finalidad es facilitar el acceso de los estudiantes a estos conocimientos en estos tiempos cuando la pandemia nos ha tenido confinados.
Mostrando entradas con la etiqueta Jesús. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jesús. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de agosto de 2020

JESÚS Y EL REINO DE DIOS

 

UN ANUNCIO DE LIBERACIÓN



Cuando Jesús comienza su predicación, lo primero que hace es anunciar la llegada del Reino de Dios: “El plazo se ha cumplido, El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el evangelio”. (Mc 1, 15).

El anuncio de Jesús no solo es una buena noticia para el pueblo en general que espera su liberación sino, también, para aquellos que dentro del pueblo son marginados y sufren el rechazo de las autoridades religiosas porque sus vidas no son conforme a la ley. Frente a la dureza de los sumos sacerdotes y los fariseos, Jesús se hace cercano y los acoge, mostrándole el amor a Dios que está por encima de toda ley, incluso la ley religiosa. En vez de la ley, Jesús pone en el centro de su predicación el amor y la compasión de Dios. Ante personas heridas como los pecadores, los enfermos, los niños y las mujeres, Jesús deja claro que Dios quiere la felicidad de todos y un mundo donde se dé la justicia, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la paz, la compasión y el perdón.

Con sus palabras y sus gestos, Jesús muestra que el Reino de Dios se hace presente no por medio de la fuerza y del poder sino por la humanidad y la entrega a los demás. Jesús no vino a ser servido sino a servir. Por ello, deja claro que el que quiera ser más importante debe ser más servidor. Además, denuncia las injusticias y la dureza de aquellos que se creen mejores y ponen las normas por encima de las personas. Vive desde la compasión, la misericordia y el perdón. Defiende a los débiles y a los que son rechazados. Libera a los que están oprimidos, cura a los enfermos, da de comer a los que pasan necesidad. De esta forma, dedica su vida hasta entregarla, por la construcción de una nueva sociedad con unos valores distintos que ponen a la persona y su dignidad en el centro de todo.

¿CUÁL ES EL PROYECTO DE VIDA DE JESÚS?

 

EL PUEBLO ESPERABA UN MESIAS

El pueblo de Israel había vivido una historia llena de opresiones y esclavitudes: primero, en Egipto; después, en Nínive y Babilonia. Después de haberse establecido en su tierra, sufrieron la invasión de los imperios más fuertes del momento: el persa, el griego y el romano. En esta situación de dominio extranjero y de injusticia social, el pueblo esperaba la llegada de un personaje que lo liberara de la esclavitud y le trajera la salvación. A este personaje lo llamaban Mesías.

La palabra mesías (en griego christós) es hebrea y significa ungido, es decir, aquel sobre el cual se hace alguna señal con aceite para indicar el carácter de su dignidad. Según la Biblia, Dios elige a ciertas personas para realizar una misión especial. A ellas, a veces, se les unge la cabeza con aceite, como signo de elección divina.

 

UN HOMBRE LLAMADO JESÚS

Cuanta la Biblia que al llegar la plenitud de los tiempos, en Belén, la ciudad de David, nació Jesús. Su infancia y juventud pasaron inadvertidas para sus contemporáneos. Cuando detuvieron a Juan el Bautista, Jesús comenzó a proclamar la buena noticia del reino de Dios. Decía: “El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el evangelio”. Fue entonces cuando sus contemporáneos comenzaron a conocer a Jesús. Peregrinó por tierras de Galilea, Samaría y Judea. En Jerusalén fue apresado y ejecutado en una cruz.



 

JESÚS, UN MESÍAS DISTINTO AL ESPERADO

Jesús no se presentó como un Mesías triunfante ni como un caudillo militar. No hizo uso de la fuerza ni utilizó su poder para convencer a los demás de que creyeran en Él. Jesús no promovió una rebelión contra los romanos ni pretendió restaurar la monarquía del rey David.

Nadie esperaba un mesías pobre y humilde, ni mucho menos, que el mismo Dios se hiciera presente en la historia de los seres humanos. Y, sin embargo, todo el proceso de revelación de Dios que está plasmado en la Biblia llega a su cima con Jesús, que nos muestra definitivamente a Dios.

 

Y LES DIJO EN PARÁBOLAS MUCHAS COSAS

Jesús fue dando a entender lo que era el Reino mediante parábolas. Las parábolas son un género literario compuesto de relatos, historias cortas, claras, sencillas, que usan analogías, personajes y situaciones conocidas para transmitir una enseñanza religiosa o moral fácil de comprender y de recordar. El vocablo parábola proviene del griego paraboleu, que significa “poner cosas a la par”, lo que permite comparar. No son fábulas, todos los elementos son reales y creíbles, no hay ficción.

Las parábolas de Jesús se hallan casi exclusivamente en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas (Llamados también Sinópticos). Suelen comenzar así: “El Reino de Dios se parece a…”; sin embargo, a veces no incluyen esa introducción pero de igual modo hablan del Reino. Al narrar escenas familiares, imágenes de la vida ordinaria, se logra la atención del público, la cual se incrementa al ir introduciendo contenidos ricos y amplios; se otorga así, una perspectiva sorprendente- a veces incluso surrealista- que desconcierta a los oyentes y pone de manifiesto hasta qué punto el reino de Dios representa una alternativa radical a las ideas convencionales. El valor de las parábolas es que son la vida misma hecha pedagogía.

En todas las parábolas se destaca la pequeñez de los comienzos; y el crecimiento progresivo del Reino; su fuerza regeneradora para los que corresponden al llamado que Dios hace a la conversión y a la salvación. Si Jesús es el Mesías, su Reino es un reino para quienes quieren ser salvados: sus parábolas enseñan cómo debe actuar una persona para entrar al Reino de Dios y, a la vez, revela misterios o elementos del Reino.

 

EL ANUNCIO DEL REINO: LOS MILAGROS

Jesús realizó numerosos milagros, y así lo reconocieron incluso sus propios enemigos (Mc 3, 22). Conviene precisar que no debemos imaginarlos necesariamente en el sentido moderno de fenómenos que contradicen las leyes de la naturaleza, porque los antiguos desconocían la existencia de tales leyes.

De hecho, si tradujéramos literalmente el griego del Nuevo Testamento veríamos que los evangelios en vez de la palabra “milagros” hablan de “pujanza” (dynamis) y de “signos” (semeia); es decir pujanza y signos del Reino de Dios. Lo muestra muy bien la siguiente escena: Juan Bautista envió unos discípulos a preguntar a Jesús si era Él quien traía consigo el Reino de Dios, y Jesús se limitó a contestar: “Cuenten a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizadores” (Lc 7, 18- 23).

Las curaciones realizadas por Jesús muestran la pujanza del Reino de Dios, y lo mismo ocurrió cuando multiplicó los panes para saciar el hambre a la multitud. El evangelio de Marcos encuadra muy bien dicho acontecimiento, indicando que, mientras Herodes ofrece un banquete “a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea” (Mc 6, 21), Jesús, en el desierto, da pan a los pobres (Mc 6, 31-44) porque ellos son los principales destinatarios del Reino de Dios. “Bienaventurados los pobres, porque suyo es el Reino de Dios” (Lc 6, 24).

Mencionemos todavía un último milagro: la conversión del agua en vino ocurrida en Caná (Jn 2, 1- 11). A diferencia del pan, el vino no es imprescindible para vivir, pero en su justa medida alegra la vida: “Ofrece licor al desgraciado, vino al que se siente abatido” (Prov 31, 6). Jesús quiso que este fuera su primer milagro para ofrecer un signo (Jn 1, 11) de la alegría que acompaña la llegada del Reino de Dios.



¿QUÉ VIVENCIAS FAMILIARES TUVO JESÚS?

 LOS PADRES DE JESÚS

Cuando llegó el momento oportuno, Dios decidió entrar en la historia de su pueblo al enviar a su Hijo. Para hacerlo escogió una familia. Se fijó en dos jóvenes que estaban prometidos: María y José.

Los evangelios de Lucas y Mateo relatan cómo Dios, a través del ángel Gabriel, hace un anuncio desconcertante a María: “Concebirás y darás a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús. Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo”.

Se trata de un anuncio sorprendente, María aún no está casada con José y la misión encomendada por el ángel excede sus posibilidades. A pesar de lo asombroso del anuncio, María confía plenamente en Dios y responde afirmativamente: “Aquí está la esclava del Señor, que me suceda cómo tú dices”. Dios confío en María  y María confió en Dios.

JOSÉ UN HOMBRE BUENO

El anuncio del ángel no solo sorprende a María, también provoca asombro en su prometido, José. Este que, según los evangelios, era un hombre justo, respeta a María y decide que su embarazo que de oculto para que nadie pueda hacerle daño.

Después de tomar esta decisión el ángel del Señor, en un sueño, le quita toda duda y lo invita a confiar en ella: “José, hijo de David, no temas aceptar a María como tu esposa, pues el hijo que espera viene del Espíritu Santo!.

Desde entonces José asume el cuidado de Jesús como un hijo propio. Gracias al sí de María y la acogida de José, Dios entra a formar parte de la familia humana. La familia concreta es el lugar elegido para hacerse uno de los nuestros: la Sagrada familia de José, María y Jesús.



UNA FAMILIA ENTRE MUCHAS

Nazaret era una pequeña aldea, de apenas unos trescientos habitantes en las laderas de Galilea. La economía era agrícola y se vivía de forma muy humilde. La vida de la familia de Jesús no fue muy distinta de la de otras familias que vivían por allí.

Los oficios posibles de aquel pueblo estaban muy relacionados con el entorno:

· Los hombres eran en su mayoría agricultores, ganaderos o pescadores.

·  Los artesanos se dedicaban principalmente a oficios de construcción, albañilería y carpintería. Los textos también hablan de bataneros o lavanderos y de alfareros.

·  Tejer y hacer cestos eran actividades domésticas de las mujeres.

·  Los pastores vivían fuera de los pueblos. Por la noche mientras uno de ellos montaba guardia, los animales de varios rebajos eran agrupados en sitio cerrado. Entretanto, los otros, dormían a alguna distancia, al abrigo de una tienda o de una choza de ramajes.

En contra de lo que se podía pensar, esta pequeña familia no vivía aislada, sino rodeada de parientes y otras familias. Había varias casas en torno a un patio donde se hacía la vida común. Todos eran una gran familia.

Cada sábado se reunían en la sinagoga para escuchar la Palabra de Dios y comentarla.

 

UN PADRE, EJEMPLO PARA JESÚS

De José sabemos que era un artesano, un carpintero albañil. Esta profesión lo obliga a recorrer las aldeas vecinas buscando trabajo. Con lo que le pagaban mantenía a su pequeña familia. Su ejemplo le sirvió a Jesús para crecer en la bondad y el respeto a la figura del Padre de todos, Dios.

Los cuatro evangelios solo hacen mínima referencia a José en los relatos del nacimiento, después desaparece y Jesús en su vida pública aparecerá acompañado de su madre y sus hermanos. A juicio de los expertos, esta ausencia pudo deberse al fallecimiento de José.

UNA JOVEN CAMPESINA

Tampoco tenemos mucha información de María. Como toda muchacha de Nazaret se encargaba de las labores de la casa y de educar a Jesús. Cada sábado acudía con su familia a la sinagoga para escuchar y meditar la Palabra.  Pero además sabemos que:

· Era una mujer con un rico mundo interior que guardaba las cosas en su corazón. Esa sensibilidad le permitió desarrollar un profundo espíritu de fe, espíritu que transmitió a su hijo en la infancia y que la ayudó a encontrar a Dios en la vida.

·  Estaba atenta a las necesidades de los demás y era solidaria con sus sufrimientos. Como madre estaba dispuesta a atender con generosidad a quien pudiera necesitar su ayuda.

·  Era una mujer fuerte, soportó el dolor propio y ajeno, y fue capaz de acompañar a su hijo en los momentos más difíciles.

JESÚS, UN NIÑO DE NAZARET

En este ambiente y en compañía de José y María creció Jesús. Cuando era niño compartió la vida cotidiana de los niños de Nazaret. Jugaba, obedecía a sus padres, ayudaba en casa, etc. Más tarde aprendió el oficio de su padre y le ayudaba en su trabajo.

No había libros; lo que Jesús aprendió lo hizo mediante la observación de la vida y gracias a la tradición oral. Con la guía de su madre y del Espíritu adquirió una profunda sabiduría del corazón. Cuando se convirtió en el Maestro, hablaba con autoridad.

No tuvo mujer, en contra de las costumbres de la época. Llegado el momento, abandonó el hogar y su familia para anunciar el reino de Dios.


CREEMOS EN JESUCRISTO HIJO ÚNICO DE DIOS

La fe de los cristianos confiesa que Jesús es a la vez Verdadero Dios y verdadero hombre. El evangelio de Juan hay un curioso diálogo entre Jesús y Felipe, uno de sus apóstoles. (Ver Jn 14, 8-10).

Jesús no puede ser confundido con Yahvé el Dios de Israel. En los escritos de las primeras comunidades cristianas, Jesús aparece siempre como alguien claramente distinto de ese Dios a quien Jesús llama Padre, a quien ora con fe y confianza, a quien obedece hasta la muerte.

DIOS SE HA HECHO HOMBRE EN JESÚS

Dios se hace presente en la vida y en la muerte de Jesús de una manera única. No se puede hablar de Jesús como de un hombre cualquiera. Ningún otro vive tan inmediatamente desde Dios y para Dios.

JESÚS, HIJO DE DIOS



Los creyentes tratan de expresar esta realidad acudiendo a lenguajes diferentes y variados:

·  Jesús mismo es la Palabra de Dios hecha carne.

·  Jesús es Hijo de Dios. No es una criatura distinta de Dios. Jesucristo, como Dios que es, no tiene origen, sino que es engendrado, no creado, desde siempre.

Ante los rasgos que caracterizaron la vida de Jesús de Nazaret y ante el hecho inaudito de la Resurrección, la comunidad cristiana confiesa, llena de fe, que Jesús es el Hijo único de Dios que se ha hecho hombre por nuestra salvación.

SE HIZO HOMBRE, MURIÓ POR NOSOTROS Y DIOS LO HA RESUCITADO

En Jesucristo Dios se instala definitivamente entre los seres humanos. Jesucristo al igual que los demás seres humanos, murió. Afrontó el miedo de ese instante decisivo como cualquier ser humano. Sufrió la humillación y el odio de los que matan el amor.  Pero llevó su obediencia al Padre hasta el final.

TRATAR LOS CONFLICTOS COMO OPORTUNIDAD