BLANCA OLAYA

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Este es un espacio exclusivo de temáticas de Educación Religiosa, teniendo en cuenta que se ha tenido que trabajar desde casa en tiempos del coronavirus. El contenido del blog está tomado de la colección Emaús, camino de esperanza, de Educación Relgiosa. La finalidad es facilitar el acceso de los estudiantes a estos conocimientos en estos tiempos cuando la pandemia nos ha tenido confinados.
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sábado, 30 de mayo de 2020

LAS RAÍCES DE LA MORAL CRISTIANA

Para que las personas puedan alcanzar la felicidad, Dios las crea libres, es decir, les da el uso de la razón y la voluntad. Por ejemplo, Adan y Eva fueron libres de tomar la decisión de comer o no del árbol del bien y del mal. Sin embargo,  la libertad no debe ejercerse, simplemente, buscando la convivencia propia, sino que es la capacidad que Dios nos ha dado para que busquemos el bien para todos y actuemos en consecuencia. 
Dios propone el camino para alcanzar la felicidad. En lo más profundo del ser humano hay una voz que nos indica el camino para amar y hacer el bien, y para evitar hacer el mal. Esa voz que resuena en el interior es la conciencia. Dios habla por medio de ella, indicando lo que es bueno y justo, y advirtiendo sobre lo que es malo e injusto.

LA LIBERTAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO


De esta libre disposición tiene claridad el pueblo judío. En los textos del Antiguo Testamento, se ve reflejada en toda la historia del pueblo de Israel la concepción de libertad en la relación con Dios. Dios manifiesta su voluntad, revela un camino para llevar a cabo las acciones que permiten una cercanía con Él (indicando el camino hacia el bien) y deja en el ser humano la libertad de tomar el camino que revela.
Ejemplos de ello son Abraham, quien decide libremente abandonar todo para seguir a Dios, después Moisés, quien se ciñe a la voluntad de Dios para liberar a su pueblo, y los profetas, que deciden denunciar las injusticias que se estaban dando desde los tiempos de los reyes hasta el posexilio, entre muchos otros.
Como a los personajes del Antiguo Testamento, esa libertad nos es dada hoy. En ese ejercicio de libertad podemos escoger siempre la vida y el bien o la muerte  el mal (Dt 30, 15), pero  también se nos advierte de las respectivas consecuencias de nuestra elección. Así pues, de la moral de Israel comprendemos que cada decisión conlleva una consecuencia de la que, queremos o no, en algún momento de la vida debemos ser responsables.

jueves, 16 de abril de 2020

HUMANISMO SIN DIOS (2)

FRIEDRICH NIETZSCHE



Para Nietzsche, la cultura de Occidente ha estado marcada por la metafísica y la moral cristiana. Se trata de una moral de los esclavos donde lo fundamental es la resignación y el rechazo a la vida.
A diferencia del politeísmo griego y romano, la idea de un único Dios ha transmitido el mensaje de que solo existe una verdad, un único modo de comportarse y de que es necesario sacrificarse en aras de una vida futura.  Esa moral es antinatural e impide el surgimiento de un nuevo modelo de ser humano, el superhombre, destructor del modo de vida anterior y marcado por otros valores que lo harán fuerte, instintivo, creador, constante, que acepta lo trágico de la vida- lo dionisiaco - su devenir, su multiplicidad y sus diversas perspectivas. 
Para llegar al superhombre es necesario anunciar la muerte de Dios. De este modo, desaparecerán los valores tradicionales y surge una nueva época: el nihilismo; un tiempo de destrucción de lo que ha sido y de la trasmutación de los valores para facilitar el surgimiento del superhombre. 

Respuesta desde la fe

La crítica  que hace Nietzsche parte de una incorrecta forma de entender la humillación de Jesús y la humildad del creyente. El cristianismo es una religión que potencia energías vitales de la persona, que no genera seres apocados y frustrados. El amor cristiano no es una debilidad: no hay nada más libre y valiente que la entrega de Jesús , afirmando con su proyecto de vida que la vida hay que vivirla para los otros, incluso hasta morir. Y esta misma es la mentalidad del creyente. 

SIGMUND FREUD

Para Sigmund Freud (1856-1939), las ideas religiosas son una ilusión. Como todos los demás fenoménos psiquícos, su origen se encuentra en las profundidades del psiquismo. De hecho, constata Freud, todos experimentamos deseos de trascendencia, de inmortalidad, pero la realidad rusta esos deseos.
Frente a esta situación se desatan ciertos mecanismos defensivos: la religión como consuelo, como narcótico. Las oraciones y ritos religiosos solo persiguen calmar la ansiedad. Para Freud la necesidad psicológica de sentir que vivimos en un mundo protegido, seguro, nos lleva a crear la imagen de una figura paterna: Dios. 

Respuesta desde la fe

La crítica que hace Freud nos pone en guardia contra los infantilismos con los que, en ocasiones, se vive la fe, y en eso acierta: refugiarse en una creencia para no tener que afrontar la maduración personal o las dificultades de la vida. También desenmascaran falsas imágenes de Dios: un dios autoritario y represor de los deseos humanos, que oprime a las personas con normas y castigos.
Pero la idea de Dios no se corresponde en absoluto con el Padre exigente y a la vez misericordioso que presenta Jesús en el Evangelio, cuyo mensaje implica unos valores personales y sociales que deben ser parte de un proyecto de vida.


TRATAR LOS CONFLICTOS COMO OPORTUNIDAD